Panoramio: cuando las fotos geolocalizadas eran la brújula

Panoramio: cuando las fotos geolocalizadas eran la brújula


Antes de que todo fueran stories y reseñas con prisas, hubo una forma de viajar (y de soñar con viajar) que consistía en acercarte a un punto del mapa y dejar que el mundo te “hablara” con imágenes reales. Eso lo hizo posible Panoramio con una idea tan simple como poderosa: fotos geolocalizadas colocadas exactamente donde fueron tomadas, para que cualquiera pudiera asomarse a ese rincón del planeta y verlo con ojos ajenos.

Panoramio nació en 2005 y, durante años, fue uno de esos servicios que no hacen ruido… hasta que un día te das cuenta de que lo usabas más de lo que creías. Porque no era solo una web de fotos: era una capa de realidad sobre el mapa, una especie de álbum colectivo con coordenadas.

Lo que hacía distinto a Panoramio

La gracia de Panoramio estaba en el “dónde”. No importaba tanto el autor ni el estilo, sino la ubicación: montañas, pueblos, plazas, miradores, caminos, costas… El resultado era adictivo. Abrías el mapa, veías iconos por todas partes y cada uno era una promesa: “aquí alguien estuvo y dejó prueba”.


Esa mecánica encajaba como un guante con el ecosistema cartográfico de Google, porque las fotos podían mostrarse como capa en sus mapas y su globo terráqueo. Durante mucho tiempo, si querías una idea visual de un lugar sin depender de imágenes promocionales, Panoramio era una de las paradas obligatorias.

La compra por Google: el momento en que todo cambió

El gran punto de inflexión llegó en 2007. Ese año, Google anunció el acuerdo para comprar Panoramio, destacando precisamente su valor: millones de fotos vinculadas a una localización exacta, listas para enriquecer la experiencia de explorar el mundo. Lo contó John Hanke en una entrada del blog oficial de Google.

A partir de ahí, Panoramio se convirtió en un engranaje muy visible para el usuario final: esa lluvia de fotos colocadas sobre el planeta tenía cada vez más sentido como “combustible” visual para los productos de mapas.

Y, a la vez, empezó la gran pregunta que persigue a muchas adquisiciones: cuando una comunidad entra en una casa enorme, ¿sigue teniendo vida propia o pasa a ser “una función más”?

El boom de las fotos geolocalizadas

Las fotos geolocalizadas no eran un adorno, eran el producto. El mapa dejaba de ser un plano y se convertía en experiencia.

  • Si ibas a viajar, era una forma de ver el lugar sin filtros institucionales.
  • Si hacías senderismo o escapadas, podías encontrar miradores, accesos o detalles que no salen en guías.
  • Si eras simplemente curioso, Panoramio era un “modo exploración” infinito: saltar de país en país a base de imágenes.

Además, tenía un componente casi documental. Mucha gente fotografiaba cosas muy normales (una calle secundaria, un puente pequeño, el interior de un valle) que, por acumulación, terminaban construyendo una memoria visual de sitios que no suelen protagonizar nada.

2014: el aviso de que el servicio tenía fecha de caducidad

En septiembre de 2014 llegó el primer mensaje claro: Google planteó cerrar Panoramio y migrar ese universo de imágenes hacia Google Maps Views, con la idea de concentrar comunidades y contenidos en un único destino.


Ese anuncio no era solo un cambio de nombre o de pantalla: implicaba que el Panoramio “de siempre” (su dinámica propia, su sensación de comunidad separada del resto) podía diluirse. Y, de hecho, durante esos años se habló bastante de la reacción de la comunidad ante la decisión.

2016: cierre definitivo y modo solo lectura

El final no fue inmediato, pero sí terminó siendo inevitable. En octubre de 2016 se confirmó el cierre para una fecha concreta: 4 de noviembre de 2016. A partir de ahí, Panoramio dejaba de permitir la actividad habitual (subir, interactuar, etc.) y quedaba en un estado limitado.

En paralelo, se comunicó que la existencia de otras vías para subir fotos a mapas (y el empuje de programas de contribución) hacía que Panoramio ya no fuera prioritario dentro del conjunto. Dicho de otra manera: la función sobrevivía, pero el sitio como “hogar” tenía los días contados.

¿Y qué pasó con las fotos?

Aquí está la parte más sensible de toda historia digital: el contenido. Panoramio guardaba millones de imágenes y, para muchos, era un archivo personal y colectivo a la vez.

Tras el cierre de noviembre de 2016, se habló de un periodo en el que los usuarios podían seguir accediendo a sus fotos, junto con opciones de exportación y transición.

En la práctica, el destino de esas imágenes (y su visibilidad) quedó ligado a cómo estuvieran asociadas a cuentas y a cómo se integraran en los sistemas posteriores. Y eso, para muchos usuarios, se sintió como pasar de una vitrina con nombre propio a un almacén dentro de un centro comercial: el contenido puede seguir existiendo, pero ya no se vive igual.

El “eco” en Google Earth: cuando la capa desapareció

Aunque el sitio cerró en 2016, durante un tiempo todavía hubo usuarios que seguían viendo fotos o marcadores en la capa de fotos en el globo terráqueo. Sin embargo, a comienzos de 2018 empezaron a multiplicarse los comentarios de gente que entraba en el globo, veía los iconos… y al pinchar se encontraba con mensajes de retirada o con la invitación a probar la nueva capa de fotos.

Para quienes usaban Panoramio como “catálogo visual de lugares”, ese momento fue el verdadero adiós: el mapa seguía ahí, pero aquella forma de explorar —casi de coleccionar rincones— se rompía.


Por qué Panoramio sigue siendo recordado

Panoramio no se echa de menos solo por nostalgia. Se recuerda porque clavó una idea que todavía hoy es valiosa: el mundo explicado desde la fotografía anclada a un punto exacto. No era “subir fotos”, era construir contexto.

Y también porque nació en España y acabó convirtiéndose en una pieza global, integrada en una empresa con oficinas en lugares como Zúrich o Mountain View, California. Esa trayectoria (de proyecto local a capa mundial) explica bastante bien por qué marcó época: llegó cuando explorar el mundo en pantalla todavía tenía algo de magia.