Este menú radial en macOS quiere que dejes de perder el foco

Este menú radial en macOS quiere que dejes de perder el foco


Cambiar de una app a otra, abrir un atajo, tirar de un script, volver al editor, saltar a la terminal, revisar algo y regresar. En macOS, ese baile es el pan de cada día para mucha gente. El problema no es que el sistema no pueda con ello: el problema es lo que le pasa a tu cabeza en cada salto. Ese microcorte que te saca del hilo y te obliga a “reenganchar” lo que estabas haciendo. Justo ahí es donde aparece Powering, un menú o interfaz de comandos radial para macOS que busca reducir el cambio de contexto y mantener el ritmo apoyándose en una idea muy concreta: la memoria muscular.

La propuesta es directa: en lugar de depender de menús, docks, buscadores internos o listas de acciones, Powering se activa con un atajo de teclado y muestra un menú circular, con un estilo “espacial”, pensado para que acabes ejecutando tareas casi sin pensar. No es solo “acceder rápido”: es crear un patrón repetible que tu mano aprende, para que tu atención se quede donde debe.

Un menú radial en macOS para hacer más

La primera impresión de Powering gira alrededor de su interfaz: un acceso instantáneo mediante un atajo de teclado que despliega un menú radial. Ese formato importa porque invita a algo que los menús clásicos no fomentan tanto: navegar por dirección, no por lectura. Cuando un gesto se repite, la cabeza deja de “procesar” y empieza a “recordar”. Y ahí es donde el cambio de contexto duele menos.


Powering lo plantea como un centro de mando para acciones habituales. La herramienta permite lanzar aplicaciones, ejecutar atajos (Shortcuts) y desplegar scripts desde esa interfaz radial. Traducido al día a día: en vez de abrir una app, buscar un menú, localizar un comando o ir a una carpeta a ejecutar algo, puedes agruparlo bajo la misma forma de interacción. Una pulsación, una elección rápida, y sigues.

La gracia está en que ese gesto no pretende competir con las formas habituales de usar macOS, sino recortar pasos en tareas repetitivas. Si hay acciones que haces muchas veces al día, no deberían exigir el mismo nivel de atención cada vez. Powering intenta que esas acciones se vuelvan “mecánicas”, en el buen sentido.

Acceso instantáneo: el atajo que se convierte en reflejo

Powering se activa con un atajo de teclado y aparece como un menú circular. Ese detalle, por sí solo, ya marca una diferencia: no necesitas cambiar de ventana ni ir a buscar un icono. Llamas al menú, eliges y vuelves. El punto clave es que el menú radial está pensado para que el uso repetido cree un mapa mental rápido.

En términos de productividad real, no es una cuestión de ahorrar segundos sueltos, sino de evitar que el cerebro se “vaya” cada vez que cambias de herramienta. Si tu objetivo es mantenerte en una tarea, todo lo que te obligue a salir de ella tiene un coste. Y ese coste, acumulado, se nota.


Powering se activa con un atajo de teclado y aparece como un menú circular.

Gestión de flujos: apps, Shortcuts y scripts

Powering no se queda en “abrir cosas”. La herramienta permite gestionar flujos de trabajo con tres piezas muy reconocibles:

  • Lanzar aplicaciones desde la interfaz radial.
  • Ejecutar atajos (Shortcuts), lo cual encaja con el ecosistema de automatización de macOS.
  • Desplegar scripts, orientado a quienes ya tienen pequeñas utilidades o acciones personalizadas.

Esto tiene una lectura clara: Powering intenta ser el lugar desde el que disparas acciones, independientemente de si esa acción es “abrir X”, “ejecutar Y” o “hacer Z con un script”. La interfaz se convierte en un punto de entrada único para tareas técnicas y repetitivas.

En un entorno donde el trabajo mezcla herramientas gráficas con automatizaciones, ese enfoque puede ser especialmente útil: reduces el número de caminos distintos para llegar al mismo resultado. Y cuanto menos “ruido” haya entre intención y ejecución, más fácil es mantener el foco.

El guiño a desarrolladores: terminal persistente sin salir del menú

Uno de los apartados más llamativos de Powering es el enfoque hacia desarrolladores. La herramienta incluye la posibilidad de ejecutar y monitorizar sesiones de terminal persistentes directamente desde la interfaz. Es decir: no se trata solo de lanzar un comando y olvidarte, sino de tener un control y seguimiento de sesiones que se mantienen.

Para quien vive con la terminal abierta, esto puede cambiar el reparto de protagonismo: en vez de que la terminal sea un “destino” al que vas, pasa a ser algo que gestionas desde tu centro de mando. Poder invocar acciones relacionadas con sesiones persistentes sin abandonar el contexto principal suena, precisamente, a esa filosofía de “no romper el hilo”.

Y aquí hay un matiz interesante: muchos flujos de trabajo técnicos se sostienen sobre procesos que corren un rato largo. Tenerlos accesibles desde el mismo lugar donde lanzas apps, atajos y scripts puede hacer que el trabajo se sienta más ordenado, con menos saltos mentales.

Orquestación de IA: un centro de mando para flujos técnicos

Powering también se describe como una herramienta diseñada para la orquestación de IA, con el objetivo de manejar flujos de trabajo técnicos y herramientas de IA de forma centralizada. El término “orquestación” aquí apunta a una idea: no usar herramientas aisladas, sino coordinar acciones y utilidades desde un único punto, de manera coherente con el resto del flujo.


Esto encaja con su planteamiento general: si ya estás usando automatizaciones, scripts o terminal, la capa “central” te interesa cuando reduces el número de veces que tienes que cambiar el modo mental. Un mismo tipo de interacción (el menú radial) para disparar acciones relacionadas con tu trabajo técnico, incluidas herramientas de IA, mantiene la lógica del producto.

Una visión de futuro con comunidad y personalización

Powering no se limita a lo que hace hoy: también plantea una visión de futuro con dos líneas claras.

La primera es el ecosistema: la intención de desarrollar una comunidad para compartir paquetes de comandos y scripts. Esto sugiere que Powering quiere crecer alrededor de lo compartible: colecciones de acciones listas para usar, orientadas a distintos perfiles o necesidades.

La segunda es la personalización: una expansión de las capacidades de configuración interna del sistema. Dicho de otra forma, ir más allá de acciones sueltas y poder ajustar más elementos para que el flujo encaje como un guante.

Si ambas ideas maduran, el enfoque es evidente: convertir la interfaz radial en una especie de “lenguaje común” para ejecutar trabajo repetitivo y técnico, con la posibilidad de que otras personas compartan sus paquetes y tú adaptes el sistema a tu manera.

Para quién puede ser de utilidad

Powering parece especialmente pensado para quienes sienten que su jornada se compone de microacciones: abrir apps concretas, lanzar automatizaciones, ejecutar scripts, moverse por la terminal y coordinar herramientas técnicas. Si tu trabajo es más lineal y haces pocas tareas repetitivas, probablemente no le sacarás el mismo partido. Pero si tu día está lleno de “atajos mentales”, la propuesta es tentadora.

Lo interesante es que no vende una idea abstracta de productividad: se apoya en algo muy realista. La memoria muscular existe, y cuando la explotas bien, te quitas un montón de decisiones pequeñas del camino. Powering intenta que el acceso a acciones sea tan familiar como una combinación de teclas que ya usas sin pensar.